¿Ficción religiosa?: nadie se burla de Dios

Artículo de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, publicado en
el diario platense El Día el 4 de mayo de 2006

En la 32º Feria del Libro de Buenos Aires se exhibió una oferta
abundantísima de obras que representan los arrabales de la religión:
adivinación, magia, esoterismo, supersticiones varias, y tuvo gran
éxito de ventas el género "ficción religiosa", que en romance criollo
habría que nombrar, más bien, macaneo, es decir, embuste y desatino.
Estos especímenes podrían servir al honesto entretenimiento de los
lectores, si no se los quisiera hacer pasar por la verdad. ¡Qué
notable!, la materia y víctima de estas ficciones es siempre el
catolicismo. Las obras de este tipo despiden infaltablemente un
tufillo gnóstico y pretenden descubrir secretos que la Iglesia habría
ocultado con engaños; como si se dijera: esta "historia" revela lo que
los curas ahora nos han impedido conocer. No son inocentes; la
intención anticatólica resulta manifiesta.

De "El código Da Vinci", de Dan Brown, se vendieron en el mundo
alrededor de 40 millones de ejemplares, y al film que se estrenará
dentro de pocos días podrán verlo unos 800 millones de personas. En la
Feria ha sido uno de los libros más solicitados. En la trama de esta
novela se mezclan como en un cóctel datos históricos tergiversados sin
pudor con invenciones absurdas. El autor declara que todas las
descripciones de obras de arte, arquitectura, documentos y ritos son
verdaderos; pero en realidad, el conjunto es una composición ingeniosa
de muchísimos errores en cuestiones históricas y religiosas en la
interpretación de fenómenos culturales y artísticos. Los críticos, y
no pocos, los han señalado oportunamente.

¿Cuál es el argumento? Jesús no es Dios, sino un hombre que formó
pareja con María Magdalena y tuvo una hija con ella; de esta
descendencia procede el fabuloso secreto del Santo Grial. Jesús, que
fue el primer feminista, le habría confiado la Iglesia a su mujer,
ellos representaban la dualidad masculino-femenina y sus primeros
seguidores adoraban al principio femenino sacralizado. Tal sería el
tenor original del cristianismo. La Iglesia Católica es un invento del
emperador Constantino, que en el Concilio de Nicea del año 325 hizo
divinizar a Jesús; ella desencadenó una cruenta persecución contra los
adoradores de lo femenino, que trataron de conservar clandestinamente
su creencia. El priorato de Sión protege a la descendencia de Cristo y
transmite aquel cristianismo gnótico a través de códigos, como los que
Leonardo Da Vinci habría dejado en sus pinturas. En la actualidad es
el Opus Dei el encargado de impedir, maquiavélicamente, que los héroes
de la novela saquen a luz el secreto y no vacila en llegar al crimen
para lograrlo.

Con el caso de este "best-seller" se vincula un acontecimiento
ocurrido precisamente en los días previos a la Semana Santa: se
anunció clamorosamente en Washington la publicación del Evangelio de
Judas. El papiro en lengua copta había sido hallado en el valle del
Nilo en la década de 1970, pero era conocido en su versión griega
desde la más remota antigüedad. Ahora se lo presenta sospechosamente
como una novedad que permitirá reinterpretar la pasión de Cristo, su
significado y consecuencias.

Evangelios apócrifos

En los siglos II y IV se escribieron numerosos evangelios apócrifos,
varios de ellos atribuidos, según el recurso literario de la
pseudoepigrafía, a personalidades autorizadas: Pedro, Felipe,
Santiago, Bartolomé, Nicodemo. Algunas de estas obras contienen
amplificaciones edificantes de la vida de Jesús y de su Madre; otras
manifiestan desviaciones gnósticas que desnaturalizan la fe cristiana.
El así llamado Evangelio de Judas procede de la secta de los
"cainitas", que reivindicaban a las figuras negativas de la Biblia:
Caín, al que veneraban junto a la Serpiente de la tentación original,
Cam, los Sodomitas, Esaú y finalmente Judas, con estas referencias
justificaban sus obscenidades y delitos. San Ireneo, obispo de Lyon,
lo identificó hace más de 1800 años: "Dicen que Judas conocía todas
estas cosas y justamente porque él solo conocía toda la verdad más que
los otros, ejecutó el misterio de la traición, presentan estas
invenciones bajo el nombre de Evangelio de Judas".

La National Geographic Magazine embolsará sin duda millones de dólares
al auspiciar la traducción y publicación del papiro; ha conseguido ya
llamar la atención lanzando el anuncio en la proximidad de la Pascua.
El operativo es un buen negocio, pero incluye también un elemento
ideológico: inducir a la duda sobre la verdad de los cuatro Evangelios
canónicos y sobre la tradición de la Iglesia. ¡Los lectores podrán
ahora desengañarse y acceder al secreto cuyo conocimiento se les
impedía alcanzar! El "descubrimiento" del Evangelio de Judas es otra
pieza de un montaje universal contra la fe católica, que cuenta con
una eficacia propagandística arrolladora.

La inclinación de tantos lectores por el género "ficción religiosa" es
un fenómeno ambiguo. Por un lado revela una saludable inquietud de
búsqueda de sentido, de trascendencia, en definitiva, de Dios. Pero
también curiosidad malsana y debilidad ante la antigua solicitación
del gnosticismo, que atrae con los cantos de sirena que invitan a la
posesión de un saber oculto, al margen de la regla de la fe. Mucha
gente, que manifiesta indiferencia o rechazo ante los dogmas del
cristianismo, acepta acriticamente aquellas ficciones deformes. Se
cumple una vez más lo que predijo San Pablo: "Llegará el tiempo en que
los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario,
llevados por sus inclinaciones se procurarán una multitud de maestros
que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar
cosas fantasiosas". El mismo apóstol advertía a los gálatas: "No se
engañen: nadie se burla de Dios".


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata