Romance de la doncella guerrera
de Autor anónimo


Un rey tenía tres hijas y ninguna fue varón.
2 A una reina princesita la cadó una maldición.
--No me maldica usted, padre, no me maldica usted, no,
4 que si el rey pide soldados a la guerra me voy yo.
--Tienes muy largo el cabello, no dirán que eres varón.
6 --Yo me corto lo del medio y usted lo de alrededor,
Yo me corto lo del medio, sin cabello me quedo yo.
8 --Eres muy blanca de cara, no dirán que eres varón.
--Yo me pondré a los rayitos, a los rayitos del sol,
10 yo me pondré a los rayitos, morena me pongo yo.--
El rey pidió soldados y a la guerra se marchó.
12 Y a la mitad del camino se la olvida lo mejor:
--¿Cómo me llamaré, padre, cómo me llamaré yo?
14 --El caballero don Marcos. --Así me llamaré yo.--
El rey pidió soldados y a la guerra se marchó,
16 y estuvo peleando y nadie la conoció
na más que el hijo del rey, que de ella se enamoró.
18 --De amores me muero, madre, de amores me muero yo,
que los ojos de Marquitos son de hembra y no de varón.
20 --Convídala tú, hijo mío, a tu mesita a comer,
que si ella fuera hembra no se podrá sentar bien.--
22 Dijo Juan, que es muy secreto, la ha invitado a comer,
y bien que se ha fijado, se ha sentado mejor que él.
24 --De amores me muero, madre, de amores me muero yo,
que los ojos de Marquitos son de hembra y no de varón.
26 --Convídala tú, hijo mío, a tu caballo a montar,
que si ella fuera hembra lo tienes que notar.--
28 Dijo Juan, que es muy secreto, la ha convidado a montar,
pero bien que se ha fijado, pero no ha notado na.

30 --De amores me muero, madre, de amores me muero yo,
que los ojos de Marquitos son de hembra y no de varón.

32 --Convídale tú, hijo mío a tu cuartito a bañar,
que si ella fuera hembra la tienes que notar.--
34 --No me baño, señor conde, yo no me puedo bañar
porque tengo almorranas yo no me puedo sentar.--
36 --De amores me muero, madre, de amores me muero yo,
que los ojos de Marquitos son de hembra y no de varón.
38 --Convídala tú, hijo mío, a tu camita a dormir.--
Y a eso de la medianoche se los oía decir:
40 --Quieto, quieto, señor conde, y deje usted de tocar,
porque de hombre a hombre poca diferencia va.--


La versión más conocida


Pregonadas son las guerras de Francia para Aragón,
¡Cómo las haré yo, triste, viejo y cano, pecador!
¡No reventaras, condesa, por medio del corazón,
que me diste siete hijas, y entre ellas ningún varón!
Allí habló la más chiquita, en razones la mayor:
-No maldigáis a mi madre, que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas, vuestro caballo trotón.
-Conoceránte en los pechos, que asoman bajo el jubón.
-Yo los apretaré, padre, al par de mi corazón.
-Tienes las manos muy blancas, hija no son de varón.
-Yo les quitaré los guantes para que las queme el sol.
-Conoceránte en los ojos, que otros más lindos no son.
-Yo los revolveré, padre, como si fuera un traidor.
Al despedirse de todos, se le olvida lo mejor:
-¿Cómo me he de llamar, padre? -Don Martín el de Aragón.
-Y para entrar en las cortes, padre ¿cómo diré yo?
-Besoos la mano, buen rey, las cortes las guarde Dios.
Dos años anduvo en guerra y nadie la conoció
si no fue el hijo del rey que en sus ojos se prendó.
-Herido vengo, mi madre, de amores me muero yo;
los ojos de Don Martín son de mujer, de hombre no.
-Convídalo tú, mi hijo, a las tiendas a feriar,
si Don Martín es mujer, las galas ha de mirar.
Don Martín como discreto, a mirar las armas va:
-¡Qué rico puñal es éste, para con moros pelear!
-Herido vengo, mi madre, amores me han de matar,
los ojos de Don Martín roban el alma al mirar.
-Llevarasla tú, hijo mío, a la huerta a solazar;
si Don Martín es mujer, a los almendros irá.
Don Martín deja las flores, un vara va a cortar:
-¡Oh, qué varita de fresno para el caballo arrear!
-Hijo, arrójale al regazo tus anillas al jugar:
si Don Martín es varón, las rodillas juntará;
pero si las separase, por mujer se mostrará.
Don Martín muy avisado hubiéralas de juntar.
-Herido vengo, mi madre, amores me han de matar;
los ojos de Don Martín nunca los puedo olvidar.
-Convídalo tú, mi hijo, en los baños a nadar.
Todos se están desnudando; Don Martín muy triste está:
-Cartas me fueron venidas, cartas de grande pesar,
que se halla el Conde mi padre enfermo para finar.
Licencia le pido al rey para irle a visitar.
-Don Martín, esa licencia no te la quiero estorbar.
Ensilla el caballo blanco, de un salto en él va a montar;
por unas vegas arriba corre como un gavilán:
-Adiós, adiós, el buen rey, y tu palacio real;
que dos años te sirvió una doncella leal!.
Óyela el hijo del rey, trás ella va a cabalgar.
-Corre, corre, hijo del rey que no me habrás de alcanzar
hasta en casa de mi padre si quieres irme a buscar.
Campanitas de mi iglesia, ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito del río de mi lugar,
una vez te pasé virgen, virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas, mi padre, ábralas de par en par.
Madre, sáqueme la rueca que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo bien los supe manejar.
Tras ella el hijo del rey a la puerta fue a llamar.


La doncella guerrera

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Informante: Maria Dolores Lizana Valverde
Localización: Alcalá la Real
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Es este romance de extraordinaria difusión no sólo en España y Portugal, sino en todo el sur de Europa (Francia, Italia, Albania, Grecia), Hispanoamérica y en versiones sefardíes en el norte de Africa, Hungría, Serbia, Constantinopla, Asia Menor y Palestina. Además, Paul Benichou y otros hablan de una vieja leyenda china en la que una doncella, disfrazada de guerrero, toma el lugar de su padre en la guerra.
Parece indiscutible el origen francés del romance, desde donde pasaría al resto de Europa; en lo que no existe acuerdo unánime es en la localización exacta ya que mientras unos, los más, la sitúan en la Provenza, otros entre ellos Menéndez Pidal, lo hacen en el norte del vecino país.
Aunque se le supone un origen muy antiguo (es clásica la cita de la inclusión de sus dos primeros versos traducidos al castellano en la Aulegraphia de Jorge Ferreira de Vasconcelos, obra del siglo XVI) no figura en cancioneros y pliegos sueltos de la época.
Es curioso destacar el hecho de que las versiones sefarditas a las que hacíamos mención carezcan de las ingeniosas pruebas a las que es sometida la doncella por las sospechas del rey.
En esta versión, muy opuesta a la norma musical de otras recogidas, si bien se toman rasgos melódicos propios de la más generalizada, no hay concesiones en lo que se refiere a ritmicidad, que se da aquí de una forma más acrecentada.
Podría, quizá, hablarse de versiones intermedias entre ambas, si bien no la aconsejan ni la ubicación de las mismas ni el texto que en cada una se recoge como propio.

La doncella guerrera


El rey ha mandado un bando
desde Castilla a Aragón,
que penada vida tiene
el que no tenga un varón.
Un padre tenía seis hijas
y de ellas ningún varón,
la más chica le decía:
padre de mi corazón,
padre, cómpreme un caballo
un caballo muy veloz
que voy a pelear con el moro
con el moro peleo yo.
Y ese pelo tan hermoso
es de hembra, no de varón
padre tráigame un barbero
un barbero afeitador.
Y esos ojos tan hermosos
son de hembra, no de varón,
padre, cuando a mí me miren,
al suelo los echo yo.
Y esos pechos tan preciosos
son de hembra, no de varón,
padre, cómpreme un corsé
un corsé ajustador.
Se ha montado en su caballo
y en los montes se perdió,
y se presentó en las filas
con el moro peleador.
Estando un día peleando
la espada se le cayó
y por decir pecador
dijo pecadora yo.
Y en esto que el rey estaba
estas palabras oyó,
con su caballo y su espada
hacia palacio marchó.
Madre, mi querida madre,
de pena me muero yo,
que el caballero don Marcos
es hembra, que no es varón.
Convídalo tú, hijo mío,
contigo a beber un día
que si ella fuera mujer
contigo no bebería.
Ya lo he convidado, madre,
conmigo un día a beber,
yo me he bebido una copa
y ella se bebió un tonel.
Pues convídala, hijo mío,
contigo al río un día
que si ella fuera mujer
al agua le temería.
Ya la he convidado, madre,
un día al río a bañar,
yo me he quedado en la orilla
y ella se bañó en mitad.
Convídala tú, hijo mío,
a la ciudad a comprar,
que si ella fuera mujer
a la seda ha de tirar.
Ya la he convidado, madre,
conmigo un día a comprar,
yo me he comprado la seda
y ella se tiró a un puñal.
Convídala tú, hijo mío,
al huerto a pasear,
que si ella fuera mujer
las rosas le han de gustar.
«To’s» los caballeros, madre,
nos comimos las manzanas
y el caballero don Marcos
pretendía a la hortelana.
Convídala tú, hijo mío,
contigo a dormir un día
que si ella fuera mujer
la luz te la apagaría.
Carta, he tenido carta
de mi hermana la mayor,
que mi padre está muy malo
y le van a dar a Dios.
Quédate con Dios, mi rey,
que me voy para mi tierra,
cuatro años te ha servido
esta preciosa doncella.


Doncella guerrera


Estaba un día un buen viejo
sentado en un campo al sol.
—Pregonadas son las guerras
de Francia con Aragón...
¿Cómo las haré yo, triste,
viejo, cano y pecador?
De allí se fue para su casa
echando una maldición:
—¡Reventáres tú, María,
por medio del corazón:
que pariste siete hijas
y entre ellas ningún varón!
La más chiquita de ellas
salió con buena razón.
—¡No la maldigáis, mi padre,
no la maldigades, non;
que yo iré a servir al rey
en hábitos de varón!
Compraréisme vos, mi padre,
calcetas y buen jubón,
daréisme las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.
—¡Conoceránte en los ojos,
hija, que muy bellos son!
—Yo los bajaré a la tierra
cuando pase algún varón.
—¡Conoceránte en los pechos
que asoman por el jubón!
—Esconderélos, mi padre;
al par de mi corazón.
—¡Conoceránte en los pies,
que muy menudinos son!
—Pondréme las vuestras botas
bien rellenas de algodón...
¿Cómo me he de llamar padre,
cómo me he de llamar yo?
—¡Don Martinos, hija mía,
que así me llamaba yo!
Y era en palacio del rey
y nadie la conoció,
sino es el hijo del rey
que della se enamoró.
—¡Tal caballero, mi madre,
doncella me pareció!
—¿En qué lo conocéis, hijo,
en qué lo conocéis vos?
—En poner el su sombrero
y en abrochar el jubón,
y en poner de las calcetas,
¡mi Dios, cómo ella las pon!
—Brindaréisle vos, mi hijo,
para en las tiendas mercar;
si el caballero es hembra
¡corales querrá llevar!
El caballero es discreto
y un puñal tomó en la man.
—¡Los ojos de don Martinos
roban el alma al mirar!
—Brindaréisla vos, mi hijo,
al par de vos acostar;
si el caballero era hembra,
tal convite non quedrá.
El caballero es discreto
y echóse sin desnudar.
—¡Los ojos de don Martinos
roban el alma al mirar!
—Brindaréisla vos mi hijo,
a ir con vos a la mar.
Si el caballero era hembra,
él se habrá de acobardar.
El caballero es discreto,
luego empezara a llorar.
—¿Tú que tienes don Martinos,
que te pones a llorar?
—Que se me ha muerto mi padre,
y mi madre en eso va:
si me dieran la licencia
fuérala yo a visitar.
—Esa licencia, Martinos,
de tuyo la tienes ya.
Ensilla un caballo blanco,
y en él luego ve a montar.
Por una vegas arriba
corre como un gavilán,
por otras vegas abajo
corre sin le divisar.
—¡Adiós, adiós, el buen rey,
y su palació real;
que siete años le serví
doncella de Portugal,
y otros siete le sirviera
si non fuese al desnudar!
Oyólo el hijo del rey
de altas torres donde está,
reventó siete caballos
para poderla alcanzar.
Allegando ella a su casa,
todos la van abrazar.
Pidió la rueca a su madre
a ver si sabía filar.
—Deja la rueca, Martinos,
non te pongas a filar;
que si de la guerra vienes,
a la guerra has de tornar.
¡Ya están aquí tus amores,
los que te quieren llevar!