LOS CINCO SENTIDOS

El final

Pálido hasta el alma, caminó lento detrás de aquel hombre pequeño y rudo que no dejaba de saludar y sonreírle a sus compañeros.
Decía cosas que él no comprendía y de vez en cuando, giraba para mirarlo e indicarle el camino. Mil mariposas en el pecho aleteando hasta el dolor, el cuerpo frío y húmedo. Ya eran diferentes los sonidos ahí dentro.
Cambiaron bruscamente los olores y la temperatura, tenía que aprender a renunciar e integrar su cuerpo al paisaje. Recordó que no hubo tiempo para despedidas y que los pocos cigarrillos que atesoraba en su chaqueta, habían sido regalo de un desconocido. Miró los pisos gastados y midió la pequeñez de las ventanas. Le dolió todo el cuerpo y pensó que sería bueno llorar. Pero no lloró. Cada vez más destemplado el cuerpo, se fue instalando en aquel lugar que de ahora en más, sería la tumba de sus sentidos. Tal vez algo caliente le hubiera venido bien. Solo pudo prender un cigarrillo y escuchar las metálicas voces de las rejas. "No me olvides María", pensó, pero olvídame. Entonces alguien se le acercó en silencio y le tendió la mano. Levantó la vista y reconoció al hombre pequeño y rudo que lo había conducido en el tramo final.



El principio

Se haban conocido un tibio domingo de junio algunos años atrás, un día de esos en que el sol se derrama generoso sobre las flores del otoño y los paraísos endulzan el aire tiñiendo el barrio de un celeste claro y acogedor. Aquel día el destino se redujo al instante que se cruzaron las dos miradas. El se quedó contemplando absorto las líneas de su cuerpo espigado hasta el delirio, enfundado en seda oscura y encajes claros. Su pecho florecía tímido y perfumado entre los pliegues del vestido y el aletear permanente de las manos, le sugirieron por un instante la promesa de un placer que ya comenzaba a imaginar..-
Escuchó atento sus palabras y trató de dilatar el encuentro prometiendo soluciones al tema que los había llevado a encontrarse. No fue un domingo cualquiera, de pronto la retama había florecido. Ella regresó cada día y cada día salía el sol en aquella vieja casona de aspecto fantasmal donde él la esperaba confuso y temeroso…
Un día María se quedó, semanas, meses, imprimiendo su frescura en la sombría vida del ser más taciturno que había conocido. Pero quien podía reprimir tanto desafío. La locura de querer mezclar la noche con el sol. Ávido de sensaciones, Cristian se abría a todo lo desconocido que emanaba de aquella relación tan excitante como tormentosa. Con ella el pasado empalidecía y las emociones pululaban por la casa en los actos más cotidianos y rudimentales. Aprendió de la sonrisa sanadora, sintió que comenzaba a conectarse con placeres nuevos y que sus cinco sentidos despertaban a la vida por primera vez. Ella le roció el cuerpo con el mejor de los perfumes, le prolongó las caricias hasta la desesperación, bebieron el mejor de los vinos y desnudaron sus almas con la mejor de las canciones.
Lejos quedaron los nostálgicos tangos y la melancolía de los días de lluvia. Doraron juntos sus cuerpos bajo el sol de todo el año y dilataban el placer del encuentro hasta la explosión final de los sentidos. Fue perdiendo significado la tristeza de los atardeceres y caminaron juntos un camino habitualmente llamado amor. Amplio el universo de las sensaciones se habría a cada instante renovado. María era una especie de ángel-demonio que lo sumergía en el goce-dolor de lo tan deseado. La amaba y le temía. Sabía que había caído desprevenido entre los brazos o alas de aquella mujer.

Lujuria y calma.
No sabía que hacer con tantas sensaciones y temía, ocultamente, que aquel ángel diera por terminada su misión y alzara su vuelo cautivante para perderse definitivamente tras otros sueños o quien sabe.... ¿acaso aman los ángeles? o solo vuelan y marcan caminos, destinos ensombrecidos, vidas apagadas, poniendo en cada ser ese "toque divino" con el que despertamos para siempre y luego no sabemos vivir sin ellos.
Vio como María comenzó a extender sus alas brillantes al sol. A desplegarlas en suaves movimientos emanando un tibio aire amenazador. Vio sin querer ver como su mirada recorría lejanías sin poder volver. Vio como el terror se iba apoderando de la razón y la razón se esfumaba como un breve suspiro. Habría sido un sueño? habría llegado el triste momento de despertar? Intentó detenerla. Intentó retener su cuerpo aquella noche de blanco satén en que se habían apagado todos los sonidos del alma. Un amor transformado en ira tiñió de rojo el bordado de aquel sedoso pecho y María quedó sin aliento, como dormida, a sus pies. Recordó aquel domingo de junio en que la había conocido. Recordó su perfume y la retama. Corrió al teléfono y luego, sentado a su lado sin dejar de contemplarla, esperó hasta que el aullido acusador de la sirena despertara al barrio, ahora perfumado de tragedia y paraísos, sin flores.-


RITA M CHIO ISOIRD

(Publicado en el Periódico quincenal zonal DEBATE del Partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires, el 30 de Agosto de 1994